sábado, 6 de septiembre de 2008

Herman Melville y Moby Dick

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Herman Melville, autor de una de las obras más significativas de la literatura norteamericana, fue en su tiempo, mejor conocido por haber vivido entre caníbales, que por ser autor de Moby Dick. Y no fue sino hasta después de su muerte, que su novela fue reconocida y se convirtió en un hito.
Interpretada y adaptada de múltiples formas y en diferentes medios (desde 1926 en el cine mudo, películas dirigidas por famosos directores como John Huston y Orson Welles, hasta caricaturas como la que en 1967 Hanna Barbera hizo para la televisión) Moby Dick ilustra los escenarios de sus viajes, sus inquietudes filosóficas y la dualidad que se encierra en todas las criaturas.


Herman Melville
Nacido en una familia acomodada en Nueva York. Al cumplir 13 años, sufre la muerte de su padre, que al perecer loco y en bancarrota, deja a la familia en una difícil situación, obligándolo a buscar la manera de salir adelante. La gran necesidad de ganarse la vida y su disposición al vagabundeo y la aventura, lo hacen lanzarse al mar. A los 17 años se enrola como grumete en un barco hacia Liverpool y a los 21, zarpa en un ballenero con hombres brutales y sin educación, donde tras convivir con ellos 15 meses, descontento por la vida dura y la brutalidad del capitán, deserta en las islas Marquesas. Ahí, los Taipis (considerados caníbales) lo reciben hospitalariamente. Nadaba y paseaba con una muchacha llamada Fayaway, y podría haber sido muy feliz, pero el miedo a que un día se lo comieran, nunca lo abandonó. Así que escapó a bordo de otro ballenero donde las condiciones fueron aún peores, ahí se sumó a un amotinamiento que lo llevó a una prisión de las islas del Pacífico donde posteriormente ya libre trabajó en la tierra y finalmente a los 25 años decide regresar a su ciudad natal y darse de baja en la marina. Un año después obtiene una licenciatura en Boston, y trata de vivir de la escritura, al principio con éxito, relatando lo vivido con los caníbales. Su novela Moby Dick, obra que concluye en 1851, no fue apreciada y la vida del escritor continúa de forma trágica; uno de sus hijos (no se sabe si por accidente) se mata de un tiro y un año después, otro hijo huye de la casa y nunca vuelven a saber de él. Melville pasa los últimos años de su vida en un oscuro empleo burocrático, sin saber que su libro se convertiría en un clásico de la literatura universal.



El Escritor
Las primeras novelas de Melville fueron las exitosas memorias de sus viajes, entre ellas Typee: A Peep At Polynesian Live y Omoo, posteriormente escribe Mardi And A Voyage Thither donde cambia su forma de narrar (lo que empieza como una novela de aventuras lo termina en una alegoría filosófica) llevando su novela al fracaso. A raíz de esto, escribe su única novela cómica, Redburn, la historia de un adolescente y su iniciación en la vida, resultan un éxito financiero. En 1951, termina su libro Moby Dick. Después del fracaso de Mardi And A Voyage Thither, seguramente no pretendía hacer otra cosa que regresar a sus libros de aventuras; plasmar la visión del mundo que adquirió en sus años de marino; retratar a estos personajes feroces que en su lucha por sobrevivir son capaces de cualquier crueldad. Sin embargo, su vecino, el escritor Nathaniel Hawthorne (por quien Melville sentía gran admiración y a quien le envía su manuscrito para que lo lea), a pesar de no quedar complacido con Moby Dick, advirtió que podía convertirse en una gran alegoría: la eterna lucha entre el bien y el mal que tanto inquietaba a Melville y se le presentaba como una contradicción propia del hombre. La crítica fue desfavorable para Moby Dick. La novela no fue apreciada por el público y esto arrastró a Melville a escribir Pierre un libro pesimista que reflejaba su estado psicológico y marcaría la pauta de ese estilo cínico e inconsolable de su última etapa como escritor.


Reivindicación literaria
La novela norteamericana nace en el siglo XIX con Melville y Nathaniel Hawthorne (La letra escarlata), pero esto no podía verse más que a la distancia. Más de veinte años después de la muerte de Melville, en 1918 llegó el momento de su reivindicación literaria. Dos Passos, Faulkner y Dreisser, entre otros, sacuden las conciencias norteamericanas y hacen posible el resurgimiento de Melville y Moby Dick considerándolo como un monumento de las letras universales. Son ellos que la conciben como el Quijote Norteamericano: una novela de aventuras en el mar, alegoría de la lucha entre el bien y el mal, reflexión profunda, aguda y singularmente moderna sobre la condición humana. Para ellos, que perfilaron la identidad cultural americana, todo se encontraba en esta obra, ahí estaban los cimientos de una literatura específicamente americana. Frente a Melville todos los autores anteriores se veían opacados, pues fue él quien realmente le dio profundidad a la ficción norteamericana. Moby-Dick fue calificada como una "épica natural" (una magnífica dramatización del espíritu humano en un escenario de naturaleza primitiva) debido al mito de esta caza, su tema de iniciación, el simbolismo que la rodea, la descripción de sus personajes y su búsqueda. La humanidad sola ante la naturaleza, se vuelve un tema eminentemente Americano. Como lo predijo el escritor francés Alexis de Tocqueville en 1835 este sería el tema que surgiría en América como resultado de su democracia: en la democracia, la literatura insistiría en “las ocultas profundidades de la naturaleza inmaterial del hombre” más que en las meras apariencias o distinciones superficiales como las de las clases y el estatus. Y ciertamente eso es lo que hace Moby-Dick. Los destinos de la humanidad, y el hombre en sí mismo, distanciado de su país y su tiempo, de pie frente a la Naturaleza y Dios, con sus pasiones, sus dudas, sus vicios y manías y esa inconcebible miseria que serían a partir de entonces, el tema de la literatura Americana. A partir de Melville, los grandes escritores norteamericanos, aprenden a mirar el mundo con objetividad y a sumergirse en las profundidades del alma humana sin olvidar ese lado despreciable y sombrío. Dos Passos, a pesar de lograr un estilo propio, no deja que tener características que se encuentran también en Melville (su tono poético y simbólico). Hemingway retoma esta lucha del hombre con el mar, pero aprende también a valorar la fidelidad de los lenguajes más adecuados abriendo caminos a la libertad de expresión de la novela contemporánea. Faulkner como Melville da a sus personajes características que los hacen únicos y peculiares. Habla de ese impulso interior, en ocasiones oscuro, que los conduce a una lucha contra las fuerzas hostiles de la Naturaleza y lo enriquece con las lecciones ofrecidas por la novela europea (especialmente James Joyce con su monólogo interior), para abrir las puertas a la llamada stream of consciousness (término de William James) con la que logra la literatura americana del siglo XX su maestría.

Moby Dick

El tema central de la historia es la venganza. El Capitán Ahab en su barco ballenero Pequod busca a Moby Dick, la ballena blanca que le arrancó las piernas hasta la rodilla.
La historia inicia narrada por Ismael, personaje que va a bordo del ballenero. A medida que avanza el relato, Ismael va perdiendo fuerza como personaje y se convierte en un narrador observador, a veces historiador, naturalista, incluso poeta y filósofo. La gama de personajes que transitan en esta aventura abarca todo; desde un hombre furioso con la vida y el mundo, como Ahab, hasta un Queequeg, hombre rudo que duerme con un hacha pero en el sueño, involuntario, abraza tiernamente a Ismael como si fuera una novia.

La magia de la novela es que puede tener un sin número de lecturas: Hanna Barbera en sus caricaturas pinta a la ballena como salvadora de dos niños y así cuenta las aventuras de ésta. También hay quien ve en el Capitán Ahab la obsesión moralizante de los puritanos que fundaron las trece colonias, los fanáticos que se escudan en un dogma y se valen de cualquier medio para llegar a su fin. Moby Dick puede incluso convertirse en una alegoría de la vida actual, donde los norteamericanos, al igual que los hombres a bordo del Pequod, pierden la vida siguiendo a un líder que ha perdido la razón y al que no entienden, pero que los atrapa en el vértigo de su propia locura.
Ahab, cree que su tripulación sólo está ahí por el dinero, ahí se asoma también la visión pesimista de Melville frente a su entorno. Una crítica que tal vez no fue consciente, pero que en su momento, lo liberó de toda esa frustración, pues al terminar de escribir Moby Dick, confiesa a Hawthorne que ha escrito un libro malvado, y se siente inocente como un cordero.
La ballena representa un monstruo de las profundidades, percibida por Ahab como un engendro del mal que ataca y destruye todo. Sin embargo la ballena no deja de ser una fuerza de la naturaleza. La ballena es un animal que lucha por sobrevivir, ajeno a todo rencor, a todo sentimiento humano.

Moby Dick es una obra que parece estar llena de simbología, por dar algunos ejemplos podemos mencionar la pata de marfil de Ahab como símbolo de su impotencia; la ballena blanca, el arquetipo del padre, o de la madre; Moby Dick símbolo del mal y Ahab del bien; Ahab el mal y Moby Dick el bien; 30 los tripulantes del barco el número exacto de los estados de los Estados Unidos cuando Melville escribió el libro; la internacionalidad de éstos (Africanos, Polinesios, Franceses, Chinos y Estadounidenses) representan la humanidad, mezcla de razas de la población estadounidense. Sin embargo algunos autores, como Somerset Maugham piensan que Melville no tenía la abstracción intelectual para lograr escribir una alegoría deliberadamente.
Lo cierto es que la novela tiene algunas extravagancias, errores de construcción, aparecen y desaparecen personajes sin explicación alguna, el lenguaje de cultos y bárbaros es el mismo, y el punto de vista cambia sin justificación. Mientras escribía Moby Dick, Melville casi no comía ni dormía, su obra se apoderó de él y su creatividad lo arrastró haciéndolo su súbdito. Pero nadie puede negar la belleza del lenguaje, sus vívidas y emocionantes descripciones de acción y por encima de todo, la siniestra figura del capitán Ahab, que con maestría logra llenar las páginas de poder y de fuerza.



Datos curiosos
• Moby, el DJ de la música electrónica, es tataranieto del escritor Herman Melville y su nombre artístico lo tomó del libro escrito por su Tatarabuelo.

• Tres jóvenes egresados de la universidad, unieron esfuerzos para realizar uno de sus máximos sueños, fundar una compañía de café, la cual recibió el nombre del primer oficial ballenero de la novela de Herman Melville, Moby Dick: Starbucks.



Plagiando a Herman Melville (una probadita de Moby Dick)

El triste aspecto del Rachel lloraba con la espuma sin consuelo. La tarde anterior en una lucha desesperada con la ballena blanca, un hijo suyo se había ahogado y otro había desaparecido. El Rachel se aproximó al Pequod. -¿Habéis visto una ballenera a la deriva?- preguntó el desconocido capitán. Pero Ajab respondió ansioso con otra pregunta, - ¿Habéis visto a la ballena blanca?.
Quien se embarcara con Ajab más le valía no tener alma. “El alma es una especie de quinta rueda para un carromato”. La herida más grave que aquella ballena le había dejado, no fue arrancarle la pierna, sino el alma. De ese mal uno nunca se cura. Por eso Ajab impasible ignoró al Rachel y siguió su búsqueda.
Ajab no era el capitán del Pequod, sino su dictador supremo. El Pequod no era un barco ballenero, sino el carromato de la venganza rumbo al infierno. Ajab, con el aspecto de un hombre arrancado de la hoguera, a quién el fuego ha recorrido todos los miembros, miraba al horizonte alzado bajo una pierna blanca hecha en el mar con el hueso pulido de la mandíbula de un cachalote. Estaba marcado con una costura que le salía como un hilo de entre sus grises cabellos y bajaba partiéndole en dos la cara hasta desaparecer en la ropa. Sus ojos eran como cazoletas de armas de fuego, con decisión fanática e intensa. Fue esa maldita ballena blanca la que lo cercenó, su odio era tal que estaba dispuesto a doblar las llamas de la perdición, con tal de verla lanzar sangre negra y voltear su aleta. Fortalecido por una malicia inescrutable, había sobrevivido la gangrena de su alma.
Pasaron años de tormentas y búsqueda, meses soleados de encuentros, noches de insomnio, Ajab recordaba el día en que mató su primera ballena. Sus cuarenta últimos años de privaciones y peligros, renegando de la paz de la tierra (que sólo había pisado tres años), para hacer la guerra en los horrores de las profundidades.
Poco a poco fueron apareciendo las señales. Cada vez más cerca sentíamos la muerte. Amarrado y retorcido, nudoso de arrugas, ansiosamente firme e inflexible, con los ojos relucientes como carbones que aun arden en las cenizas de la ruina, Ajab vio aparecer a lo lejos una joroba como una montaña de nieve. -¡Es Moby Dick!, gritaron.
Más allá, sobre las suaves aguas alfombradas, iba la reluciente y blanca sombra de su amplia y lechosa frente, a la que acompañaba un musical murmullo de las olas; detrás, las aguas azules fluían de un lado al otro y alzaban brillantes burbujas que bailaban contra su costado. Una dicha gentil, una poderosa suavidad del reposo en movimiento investían a la ballena que se deslizaba. La ballena blanca seguía su camino, retirando de la vista todavía todo el terror de su tronco sumergido y ocultando su horrible mandíbula desquiciada. Aquella grandiosa majestad suprema la sobrepasaba cuando tan divinamente nadaba . El chorro pacífico de la mística fuente de su cabeza, no se comparaba al fenómeno mucho más maravilloso del salto. Surgiendo de las mayores profundidades a su máxima velocidad, el cachalote lanzó todo su volumen en el puro elemento del aire, formando una montaña de resplandeciente espuma.
En esos momentos las desgarradas y enfurecidas olas que agitaba parecían su crin; y su salto una señal de desafío.¡Es la última vez que saltas al sol, Moby Dick!, gritaba Ajab. Su ballenera, aun intacta pareció ser arrastrada al cielo por unos cables invisibles, como una flecha la frente de la ballena se disparó contra su fondo y la lanzó dando vueltas por el aire. Ajab y sus hombres luchaban como focas para salir de una caverna marina, pero reiniciaron incansables una y otra vez la lucha.
-Voy hacia ti ballena que todo destruyes, e inconquistable lucho contigo hasta el final, desde el corazón del infierno te apuñalaré, de odio te escupo mi último aliento. Arrástrame hasta dejarme convertido en trozos, mientras todavía te persigo- gritó Ajab al mismo tiempo que arrojó por última vez su lanza.
La ballena herida voló hacia delante, con velocidad flamígera el cabo corrió por la muesca, se tascó, Ajab se inclinó para soltarlo, lo logró, pero la vuelta de la cuerda le cogió por el cuello y tan silenciosamente como los nudos turcos estrangulan a sus víctimas, fue lanzado fuera de la lancha antes de que la tripulación se diese cuenta de que había desaparecido. Círculos concéntricos cogieron a toda su tripulación, a todos los remos flotantes, y a todos los astiles de lanzas. Haciendo girar a lo animado y a lo inanimado, hicieron desaparecer de la vista a la más pequeña astilla del Pequod.
La ballena furiosa, con el lomo marcado de tantos combates, cargando eternamente como silicios los hierros que le ha ido dejando la locura salvaje de los desmembradores de ballenas, desapareció. Yo fui el único que sobrevivió. Estuve flotando en un océano suave y fúnebre casi un día entero y una noche. Al segundo día se aproximó un barco que me recogió por fin. Era el Rachel errante, que en la constante búsqueda de sus hijos perdidos, solamente había encontrado otro huérfano.



Mariel Turrent Eggleton